Es justo abrir el cuento con una confesión, porque en esta nota no corresponde hacerse el neutral: a Bastián Córdova lo conozco desde que tenía 20 años. Fue co-conductor de El Panel Fordewin conmigo, escribió en este mismo sitio y es, antes que cualquier otra cosa, un amigo. Además, este sábado 26 de septiembre voy a estar en la mesa de transmisión de Samurai Fight House 31 narrando su pelea contra el uruguayo Cristian «Care Loko» Rodríguez. Quedan advertidos.
Dicho eso, lo que le ha pasado a Bastián Córdova en 2026 no necesita que ningún amigo lo adorne. Es una de las historias más interesantes del MMA chileno este año, y quiero contarla como corresponde.
Seis años afuera
La última vez que Bastián Córdova había peleado antes de este año fue el 31 de enero de 2020, en MFC Elite. No era una noche cualquiera: fue la primera vez que un evento de MMA se transmitió en vivo por cable en Chile, por CDF, y la suya fue la primera pelea de la noche. Tenía 20 años. Perdió por parada médica al final del primer round contra Christofer Muhaded Ibar, después de haber caído también por mataleón contra Gino Müller en MFC 26, en 2019.
Récord profesional: 0-2. Y después, silencio.
Cuando le pregunté por esos años en nuestra conversación para Fordewin, no me habló de lesiones ni de mala suerte. Me habló de identidad. «Cuando eres atleta, tu performance, la forma en la que llevas tu arte, va pegada a tu identidad», me dijo. Perder dos veces seguidas como profesional lo dejó sintiéndose «un derrotado». El Bastián de esa época, según él mismo, era un cabro que «le pegaba de volea a la vida»: disfrutaba, trabajaba, entrenaba a medias y no se había preguntado nunca cuáles eran sus principios.
Lo que vino después fue un proceso largo hacia adentro. Libros, búsqueda, un diario que escribe todos los días desde hace años (va en el séptimo cuaderno) y una conclusión que hoy repite en cada entrevista: no está apegado a los resultados. Pelea porque le gusta pelear. «Para mí las peleas son un lienzo», me dijo. No les voy a mentir: tuve el impulso de responderle «Eeeeeeella…!» como cualquier amigo que valora el buen bullying, pero cuando lo ves en la jaula entiendes que lo dice en serio.
El camino de vuelta
Bastián Córdova nunca dejó de entrenar del todo. Pasó por Demon, y a fines de la pandemia, por intermedio de Joaquín «Juaco» Morales, llegó a entrenar con Marcelo «Melo» Sanhueza en Casa Leme. Ahí estuvo varios años, en un núcleo de peleadores que él recuerda como lo más valioso de esa etapa, y ahí conoció a Máverick, su compañero de entrenamiento y hoy su mejor amigo.
En paralelo empezó a hacer clases a domicilio, a moverse solo, a emprender. Armó negocios digitales que mantiene hasta hoy y que son de lo que vive. Cuando Juaco y Máverick decidieron abrir su propio espacio, Bastián se fue con ellos. Juaco volvió después a Rancagua, y lo que quedó fue Society Fight & Flow, el proyecto que Bas y Máverick sostienen juntos.
Hay una frase de Máverick que Bastián cita siempre y que, para mí, explica el regreso completo: la competencia es el círculo que cierra lo que haces en el gimnasio. Puedes ser todo lo creativo que quieras entrenando, pero si no lo pones a prueba donde vale, no sabes si sirve. Eso lo devolvió a la jaula. No las ganas de ganar, sino las ganas de crear.
Bas en 2026: dos peleas, dos primeros rounds
El 11 de abril, en Guerra Campal 9, Bas volvió después de seis años y liquidó a Diego Oyarzún en 1:38 del primer round. La pelea terminó con ruido, pero no por culpa de ninguno de los peleadores: la esquina de Diego armó un reclamo que desde la transmisión se vio bastante fuera de lugar. Diego, en cambio, fue un caballero, y Bastián lo dice cada vez que puede.
Lo curioso es lo que vino después. Bastián me contó que esa primera victoria no se sintió como una celebración. Se sintió casi triste, porque se dio cuenta de que ya no tenía elección. Quería volver, demostrarse algo y después decidir tranquilo si seguía o no. Y resulta que no: «Es una cárcel de propósito», me dijo. Cuando algo te atrapa así, no hay vuelta.
El 25 de julio, en Guerra Campal 10, vino la confirmación. TKO a Nicolás Obreque en 2:42 del primer round, con rodillas y codos, y con Alberth «La Jaulita» Bahamondes en la esquina. Bas tiró de todo esa noche, incluido un repertorio de burlas que a mí, lo reconozco, me tuvo con el corazón en la mano. No soy fan del taunting: todos hemos visto a alguien hacer el payaso y comerse una patada en la cabeza al segundo siguiente. Pero hay que decir las cosas como son. Leyó la distancia en segundos, castigó con las patadas bajas y el contragolpe del final fue precioso. Si en GC9 tenía una espada y la usó para untar mantequilla, en GC10 decidió usarla en serio.
Récord actual: 2-2, con las dos victorias por finalización en el primer round.
El problema se llama Cristian Rodríguez
Ahora viene lo difícil, y Bastián Córdova lo sabe aunque lo diga con una sonrisa.
Cristian «Care Loko» Rodríguez es uruguayo, de Canelones, pero lleva años radicado en Chile y compite con equipo chileno. Llega con un 3-1, y sus tres victorias fueron por sumisión: mataleón, armbar y triángulo. Su única derrota fue un KO de Joans Lorca en 1:49 del primer round en Guerra Campal 8, en diciembre de 2025. Además, mide 1,85: es bastante más alto y largo que Bastián.
En el papel es el clásico striker contra grappler. Bas no está de acuerdo. «Es la tercera pelea en que piensan que soy striker. Yo no soy striker. Soy un peleador de MMA que suele tener muy buen striking», me dijo. Y no es pose: su base inicial fue de grappler y en sus comienzos sometió a varios de sus rivales. Además, su paso por Team Bahamondes ayudó de gran forma a complementar su juego general de MMA.
Mi lectura: esta pelea se decide en los primeros intercambios. Si Rodríguez consigue cerrar distancia y llevarla al piso temprano, estamos frente a su mejor versión. Si Bas mantiene la distancia con las patadas bajas que ya mostró en Guerra Campal, el uruguayo va a tener que entrar en pánico o entrar a la mala, y ahí Bas ha mostrado que castiga. Él ya dijo lo que busca: un nocaut limpio. Se quedó con las ganas en GC10, donde tuvo que cerrar con ground and pound.
El mensaje para Rodríguez lo dejó en nuestra conversación, y lo copio tal cual porque vale la pena: «Que siga pensando que su grappling le va a ganar a mi striking».
Más que un nombre en la cartelera
Hay algo de SFH 31 que la gente no ve: Bas no solo pelea esa noche, también está metido en la producción del evento. Samurai Fight House es una de las plataformas más importantes de la región para exportar peleadores a Contender Series y UFC, y esta es la primera vez que aterriza en Santiago, con una cartelera de ocho peleas. Para que pasara, varios tuvieron que poner el hombro, empezando por Arturo «Makako» Vergara, que encabeza la noche contra el argentino Matías Figueredo por el título sudamericano vacante del peso gallo.
Bas puso a disposición a su gente: amigos de producción y audiovisual, todo el equipo de Society y el apoyo de su auspiciador, Alex Cox, de Venum, que además forma parte de la organización de Samurai Fight House 31 en Chile. Cuando le pregunté por qué meterse en eso a días de pelear, su respuesta fue la de siempre: «Esto es por la cultura». En Chile, dice, hay talento y recursos, pero hay una barrera que no se ha roto, y para romperla alguien tiene que hacer el sacrificio.
Yo creo que el sacrificio por amor al arte tiene sentido cuando termina subiendo el nivel del ecosistema completo. Y eso es exactamente lo que está en juego este sábado.
Lo que voy a decir cuando Bas salga a pelear
El sábado voy a tener cerca de un minuto, lo que dura su caminata hasta la jaula, para contarle a la gente quién es Bastián Córdova. Y tengo claro lo que no voy a decir. No voy a vender un récord que no existe: es 2-2, y no hay que inflarlo. Tampoco voy a tener delirios de contrato con UFC, porque él mismo no lo pone sobre la mesa.
Lo que voy a contar es otra cosa. Que el cabro de 20 años que abrió la primera transmisión de MMA en la televisión chilena se fue con una derrota a cuestas y pasó seis años construyendo otra vida. Que esa otra vida le resultó: tenía sus negocios andando, quería hacerlos crecer, estar para su familia y entrenar por gusto. Y que volvió igual, porque cada vez que intentó soltar este deporte, el deporte nunca lo soltó a él.
Hay peleadores que caminan hacia la jaula buscando un contrato, un cinturón o una revancha. Bas camina porque perdió la posibilidad de elegir contra su propia naturaleza, y en vez de pelearse con eso, decidió disfrutarlo. Cuando le pregunté con qué quería que la gente se quedara, no me habló de ganar. Me habló de entregarse a lo que uno ama, porque no hay nada más hermoso ni más valiente que eso.
Eso es lo que va a entrar a la jaula el sábado: un tipo que no pudo elegir dejar de pelear, y que hoy tiene cero intención de parar. Qué maravilla es poder tomar tu alma, dispararla al viento y hacerla estallar.
Let’s go boom, baby boy.
Estamos juntos en esto.
Bastián «Bas» Córdova pelea el 26 de septiembre en Samurai Fight House 31, con transmisión en vivo por Samurai Fight House y LaJunta+ en YouTube. Entradas en Passline.cl, con 10% de descuento usando el código KOTEXSAMURAI.









